EDITORIAL
¿Música, maestro?
Las universidades españolas se han afanado en los últimos años, como probablemente no lo haya hecho ningún otro estado de la Unión Europea, en llegar al curso 2010 con sus planes de estudios completamente modificados y adaptados a eso que, con total naturalidad, todos llamamos Bolonia. Tras arduas sesiones de trabajo en los centros para entender la nueva situación, su particular nomenclatura y adaptarse a ella, se han iniciado ya las nuevas carreras, los grados.
En el caso de la formación de los maestros, las diplomaturas de tres años con sus especialidades, entre otras la Musical, se han transformado en grados de cuatro años, sin más especialidad que la de Infantil y Primaria, con un gran aumento de materias pedagógicas y psicológicas, y una drástica disminución, o casi erradicación, del resto. Los maestros ejercerán su profesión sabiendo más o menos lo mismo que al finalizar el bachillerato sin que en la universidad reciban una mínima formación adicional.
En los Planes de Estudios Bolonia para la formación de maestros, las universidades españolas sólo han incluido una materia musical de duración cuatrimestral, aunque en algunos centros se podrá cursar una Mención en Música, que consistirá, como mucho, en cuatro breves asignaturas más. Así, en el título obtenido figurará: Mención en Educación Musical, ya que tan vasta formación lo único que puede permitirse en el título es mencionarla.
Sin embargo, la Ley Orgánica de Educación (LOE, 3 de mayo de 2006), en su artículo 93, apartado 2, dice que la enseñanza de la música… serán impartidas por maestros con la especialización o cualificación correspondiente. Y el apartado 1 del mismo artículo habla de maestros sin perjuicio de la habilitación de otras titulaciones universitarias que, a efectos de docencia, pudiera establecer el Gobierno… Si especialistas ya no va a haber, la pregunta es: ¿a quién decidirán nuestros gobernantes considerar cualificados? ¿Qué otras titulaciones universitarias considerarán habilitables? Por el bien de nuestros escolares, esperemos que no se repita la situación que permitió que maestros con algún cursillo o curso de solfeo se pudieran cambiar de especialidad sin tener las más mínimas competencias, ni musicales ni metodológicas. Quizá sean los fracasos por esa situación cosechados, los que hayan propiciado, junto a la impericia de nuestros legisladores, el que ahora se considere prescindible nuestra especialidad.
El objetivo principal de Bolonia es favorecer la movilidad de estudiantes y profesores por las universidades de los estados que han suscrito el tratado; de ahí los cambios de planes de estudio para homogeneizarlos. La realidad es que los estudiantes se trasladan a otras universidades europeas y no encuentran asignaturas musicales semejantes a las de aquí, pero sí ven que en otros países los conservatorios son universidad y aquí, de momento, eso es una quimera. La movilidad es posible, pero sin obtener los resultados deseados.
¿Solución? Las
universidades públicas y privadas añaden, a los estudios de grado, másteres y
títulos propios para paliar las carencias de Bolonia. Así un maestro,
tras cinco años de estudio, obtendrá una preparación musical similar a la que
ahora alcanza en tres. Por eso lo de ¡Música, maestro! debe estar, de momento,
entre interrogantes.