Entrevista con...
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José Luis Turina "El aprendizaje de la ética profesional debe empezar ya en el aula" Por María Soledad Rodrigo |
Este madrileño, con fama merecida de perfeccionista y que desde hace nueve años es director artístico de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), tiene ya una larga y experimentada trayectoria en el ámbito musical, pese a su vocación tardía (se inició en el camino de la música casi a los dieciocho), si bien, ha tenido tiempo suficiente para ganarse el respeto de crítica y público sin desmerecer, pero tampoco recurrir, al apellido ilustre de su abuelo.
Formado en los conservatorios de Madrid y Barcelona, donde estudió principalmente piano, violín, clave y composición, se trasladó luego a Roma, becado por el Ministerio Español de Asuntos Exteriores, para ampliar estudios en la Academia Española de Bellas Artes y asistir a las clases de Perfeccionamiento de la Composición que Franco Donatoni impartía en la Academia Santa Cecilia. Ha cosechado premios como el Internacional Reina Sofía de la Fundación Ferrer Salat (1986) y el Nacional de Música (1996), entre otros, aunque en su opinión, si algo compensa el esfuerzo que entraña la labor compositiva es el resultado y la satisfacción personal de haberse entregado plenamente a una obra que él no concibe independiente, aislada, sino como una suma creativa. En la producción de José Luis Turina prima la descripción, pero el paisaje que dibuja con notas musicales es emocional. Se nutre para ello de lo que le rodea, sintiendo auténtica pasión por su familia, que también se ha rendido (y hablo sobre todo de sus hijos) al amor recurrente de la música. Pero también en la vida y obra de este eterno buscador o buscador insatisfecho (ésa es –dice– "la trampa que le tiende el arte al artista" para seguir creando: un perenne sentimiento de insatisfacción) está presente la pintura, enriqueciéndole con su paleta de colores.
Este intelectual que busca inspiración en el bullicio humano (parques, cafeterías…), alejado del silencio, se confiesa un "animal de aula" por su amor a la docencia, modus vivendi que le ha permitido seguir componiendo con total libertad y que le ha dejado un poso de conocimiento impagable, fruto de su contacto con esas nuevas generaciones de músicos, a las que mira entre complaciente y confiado, sin rebajar por ello el umbral de exigencia que, comenzando por sí mismo, sitúa al máximo de su potencialidad. Descubramos por qué, a pesar de todo, esos jóvenes le adoran.